Anahi MediosOPINIÓN Precisaron ocho horas para robar el último pedazo. Se lo arrancaban de las manos del otro, lo manoseaban, conjeturaban sobre él y se echaban para atrás. Ese mediodía del 4 de agosto los medios comenzaron una carroñería que terminó por despojar todo lo que el machismo había dejado como sobras. La riña por la primicia del femicidio de Anahí Benítez terminó por destrozar el último derecho que le quedaba: el duelo de sus seres queridos.

Pasadas las 12, Crónica TV disparó una placa que confirmaba que la policía había encontrado un cuerpo en la Reserva Natural Santa Catalina. Luego C5N, TN y A24 siguieron la carnada y así cada medio televisivo, radial o portal web entraron en un juego de especulaciones e informaciones manoteadas.

Mientras tanto, Silvia, la mamá de Anahí, y Daniel, su hermano, saltaban de canal en canal respondiendo preguntas con la misma información que manejaba el público sobre un cuerpo que todavía no habían tenido la oportunidad de reconocer. Del otro lado, los periodistas buscaban desesperadamente la afirmación más angustiosa y dramática que puedan televisar.

Y recibían estas balas: “Es el cuerpo de una mujer”, “Aparentemente es de una mujer de 50 años”, “Encontraron una zapatilla de mujer”, “Estaba semienterrado y semidesnudo”, “Usaron palas”, “Usaron palas”, “El cuerpo no lleva más de 48 horas muerto”, “Tiene la cara lacerada y no presenta signos de violación”; “Se confirmó lo peor: hallaron el cadáver de Anahí”.

Silvia, en su casa, rodeada de policías, mirando la tele, leyendo las placas, atendiendo el teléfono a todos los programas, hablando con Mariana Fabbiani, escuchando como Mercedes Nincy le confirma al aire que el cuerpo hallado es su hija, a las tres de la tarde. Recién a las 20 reconoce el cuerpo junto a hijo. Es ella, lo ve con sus propios ojos. Es ella.

Sus amigos, en el ENAM, haciendo guardia, dándose fuerzas, abrazándose, llorando, planeando una marcha para que al otro día se escuche con fuerza el grito de una comunidad pidiendo por la aparición con vida de Anahí. Escuchando todo, queriendo creer nada.

Quizás, Silvia leyó luego de colgar con el Diario de Mariana que “fuentes cercanas a la municipalidad de Lomas de Zamora” afirmaban a El Diario Sur que el cuerpo semi desnudo, semi enterrado y con la cara lacerada era Anahí. O quizás volvió a escucharlo en C5N a las 18. O por qué no ella misma hizo su propia hipótesis entre los “que si”, “que no” que durante toda la tarde tambalearon por la tv.

Más aún, la fiscalía de género también practicó un vómito de información que durante los días de búsqueda y después de su aparición sin vida, el carácter público de esos datos pudo desviar el curso de la investigación. La aprehensión acelerada del profesor de matemáticas, los del primer rastrillaje sin respuestas, la supuesta aparición de otros ocho cuerpos en la reserva: todas aserciones que alimentaron la bola de nieve machista que reproducen los medios hegemónicos.

Machistas, porque naturalizan que una piba que desaparece “puede haberse ido con el novio” y primero hay que comprobarlo. Que la supuesta “obsesión” que Anahí tenía con su profesor es motivo suficiente para el sospechoso la mate o que la chica tenía una conducta patológica, a los 16 años, solo por una ilusión platónica. Luego la angelicalizan porque era una artista, y escribía, por lo que era una chica que no podía salir a caminar sola al parque de Lomas. La perfecta presa del machismo.

Está naturalizado que a los sospechosos hay que difamarlos por todas partes, que sus fotos y sus redes sociales les pertenecen a los noticieros y portales. Hay que mantenerlos en la lupa de la culpabilidad aunque aún no haya pruebas concretas del femicidio. No les importa, porque las fotos de los maniatados y vendados son parte del gran show morbo que tanto le da crédito a la entidad que la consiguió.

Así es como funciona el juego. Esa soberbia con hambre de audiencia y de espectáculo, ratifican que cuando se trata de una piba desaparecida, desde la comunicación no interesa devolverle todos los derechos que una sociedad regida por el patriarcado se llevó.

No interesa el respeto, no interesa encontrarla viva: para los medios, una mujer que desaparece ya está muerta, y hay que aprovechar la carroña en cuanto dure. ¿Y cuando se acabe? Se estira, ¿y si no se puede estirar más? Se deja por otra piba muerta.

La desmesura, los datos no chequeados, la pérdida de la sensibilidad, la reproducción del machismo y la carrera por la primicia, terminaron por deshumanizar el duelo los amigos, compañeros y la familia de una chica más que falta porque alguien decidió que le pertenecía. Les quitaron el beneficio de la duda y quizás, la última esperanza.

 

*Redactora de DiarioConurbano.com y estudiante de periodismo en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora

   
   
   
   
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